Irlanda: Plan de Acción por el Clima 2019. El Ministerio de Transportes se compromete a invertir el 10% de los actuales programas de infraestructuras de transporte en bicicletas.

El eco de la extraordinaria edición de Velo-City 2019 celebrada en Dublín del 25 al 28 de junio de este año (sobre la que hemos informado ampliamente en un artículo anterior), de que Irlanda está de nuevo en el centro de la atención mundial por su nuevo y valiente Plan de Acción sobre el Clima, presentado recientemente en una conferencia de prensa por el Primer Ministro Varadkar y el Ministro de Medio Ambiente Bruton, todavía no ha desaparecido.

Se trata de un Plan extraordinario, estudiado para hacer frente a los cambios climáticos y reducir las emisiones contaminantes en el aire, constituido por 180 medidas que van a afectar a varios sectores pero -principalmente- al del transporte. Todas ellas están sin embargo finalizadas para asegurar al País un futuro mejor y más sereno, como acaban de declarar los dos Expositores del Gobierno citados. En la apertura, admitieron que «el país no está en línea con la velocidad de reducción de emisiones de CO2 ya fijada» y recordaron que Irlanda depende en un 85% de los combustibles fósiles.

Entre las muchas disposiciones del documento, imposibles de reportar en su totalidad, nos limitamos a mencionar sólo unas pocas que parecían más importantes y relevantes para el tema que habitualmente se aborda en este blog:

  • La creación de una Oficina de Proyectos de Ciclismo, dentro del Ministerio de Transporte, que aplicará y publicará un «documento de estrategia quinquenal» con vistas a desarrollar un plan global de aplicación del ciclismo en Dublín y otras ciudades irlandesas, con el objetivo de construir al menos otros 200 km de carriles para bicicletas.
  • Para 2030, un millón de vehículos eléctricos (pasajeros, furgonetas, autobuses y camiones) estarán en funcionamiento. Sin embargo no hay mención de las bicicletas eléctricas.
  • Los actuales programas de infraestructuras de transporte deberán revisarse inmediatamente para destinar al menos el 10% del gasto al objetivo de facilitar el uso de la bicicleta, a raíz de lo que ya está ocurriendo en los Países Bajos, que asignan el 7% de este presupuesto al uso de la bicicleta, hace ya algún tiempo.
  • Al igual que en Francia, el Reino Unido, Noruega y Dinamarca, Irlanda también declara que prohibirá la venta de vehículos nuevos de gasóleo y gasolina a partir de 2030, con el fin de alcanzar el objetivo de hacer circular únicamente vehículos eléctricos a partir de esa fecha.
  • Hay que animar a las personas y a las empresas a que cambien de estilo de vida y se adapten a las nuevas tecnologías mediante incentivos, desincentivos, normativas y campañas de comunicación, para pasar de una sociedad que avanza con los combustibles fósiles a otra de bajas emisiones de carbono, en la que el sector del transporte desempeña un papel protagonista
  • Debe crearse una «red nacional» de «recarga eléctrica» para todos los vehículos eléctricos en circulación
  • La cuota de la energía renovable en la producción de electricidad debería aumentar del 30% actual al 70% en 2030.
  • Eliminar los plásticos no reciclables para 2030 e imponer nuevos impuestos a la producción de materiales difíciles de reciclar

En conclusión, una política que va de las cuestiones individuales a las medidas sistémicas, como en el caso de Irlanda, es siempre bienvenida: afortunadamente, la conciencia medioambiental y su impacto en la toma de decisiones ha obligado hasta ahora a los Estados miembros de la UE a coordinar sus esfuerzos, alineando cada vez más sus políticas, ya que los problemas medioambientales transfronterizos requieren una acción conjunta. Sin embargo, las políticas de movilidad se han convertido en parte de una visión más amplia a largo plazo de una economía de clima cero que deberá aplicarse para 2050.

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