Movilidad urbana: 1.600 millones de euros disponibles en la UE para los próximos siete años.

Entre los aspectos críticos de la vida tal y como se desarrolla día a día en nuestras ciudades, destacan, en primer lugar, los problemas del tráfico, que sigue estando orientado hacia el coche, seguido de la progresiva urbanización que muestran todas las sociedades a nivel mundial y, finalmente, las relaciones, cada vez más contradictorias, entre las personas que viven en ellas y los medios de transporte de los que disponen. En este último punto se libra una verdadera guerra para reducir de todas las maneras posibles los impactos ambientales, sociales y económicos de los coches privados.

Los gobiernos locales están intentando reducir el espacio ocupado por los coches, al tiempo que fomentan la movilidad a pie de los ciudadanos con un transporte público cada vez más eficiente y frecuente, a través del transporte privado compartido, con la multiplicación de carriles-bici y el aumento del número de personas que utilizan la bicicleta como medio de transporte diario habitual, recurriendo incluso a incentivos financieros específicos, como usarla para ir al trabajo o la reducción de los impuestos sobre cualquier compra de equipamiento relacionado con las bicicletas. La realidad de cada día, sin embargo, nos dice que todavía hay demasiados carriles para bicicletas por hacer, que todavía hay demasiados coches en la ciudad, que los servicios adecuados siguen siendo insuficientes y, sobre todo, que hay una falta de políticas públicas sólidas a nivel mundial.

La UE ha decidido hacer frente y responder rápidamente a esta última e importante carencia poniendo a disposición de los países socios 1.600 millones de euros repartidos en los próximos siete años, para apoyar las intervenciones que se dirijan en todas las ciudades a impulsar la movilidad urbana sostenible. La razón es que demasiada gente se concentra en espacios cada vez más pequeños, y que moverse por nuestras ciudades se está volviendo cada vez más difícil, lento, complicado y perjudicial para nuestra salud. Y los objetivos a alcanzar en poco tiempo son claros: aumentar la calidad de vida en los espacios urbanos, volver a discutir la base de la movilidad urbana tal y como se aplica hoy en día, aumentar el espacio disponible para los habitantes de las ciudades de los países socios hasta en un 90%, multiplicar el uso de la movilidad compartida utilizando todos los medios disponibles (desde el coche compartido hasta el alquiler de vehículos, etc.) sin descuidar las posibles combinaciones inteligentes entre ellos.

Está claro que el tema es fundamental para el futuro de nuestras ciudades: y para acelerar las soluciones propuestas, se ha creado el EIT Urban Mobility (o el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología), una agencia de la Comunidad Europea (que en los próximos años centrará todos sus esfuerzos en esta materia, realizando estudios, investigaciones y experimentos de todo tipo), que ha elegido Barcelona como sede del Consorcio MOBILUS (Movilidad para los Espacios Urbanos Habitables) y que finalmente cuenta con recursos de todo respeto. Las esperanzas y expectativas de propuestas concretas y adecuadas son muy grandes y esto nos reconforta, alentándonos a hacer nuestra parte, aportando los hechos que apoyen los cambios necesarios y oportunos en las regulaciones y comportamientos para superar los desafíos del momento.

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